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La doble presencia de Ednodio Quintero

ednodio quintero

Dos escenas. Dos encuentros. Un escritor público y otro privado. Conversamos con el narrador venezolano, a propósito, de la publicación de Combates (Candaya, 2009) en España. Presentación junto a Enrique Vila-Matas en Casa América Catalunya y una charla íntima en un céntrico café de Barcelona. Dos versiones que conjugan en lo mismo: escribir es un placer.

Por Cristián Guerra Bravo


“Me he arrastrado como un reptil sonámbulo, acumulando puestas de sol, arena en los ojos, retazos de miradas. Humo en la garganta. Polvo y semen en lo profundo de mis huesos. Siempre de espaldas a mí mismo. Ciego y sordo a los llamados de mi sangre…”.

Estamos en Barcelona. En Casa América de Catalunya. El narrador Enrique Vila-Matas lee -en voz alta- el primer cuento, “Sobreviviendo”, –a modo de presentación- del libro Combates (Candaya, 2009) del escritor y ensayista, Ednodio Quintero (Venezuela, 1947), que se presenta por estos días en diversas ciudades de España. (Ver programa aquí)

Y Vila–Matas continúa leyendo, sin detenerse ,“Sobreviviendo”, mientras el público sigue atento, concentrado, en la voz del catalán, y al mismo tiempo, en la prosa de Quintero: “… En los momentos de peligro, saltando a la manera de los sapos, y dejando tras de mí un rastro efímero –como las pisadas de la brisa en una montaña de rocas y de sal… recién llegado del otro lado de la noche, susurra a mis oídos las sílabas enrevesadas de mi nombre”.

CombatesDeEQuinteroPero hay dos escenas. Dos momentos –que tienden a fundirse- que retratan mi encuentro con el mejor narrador venezolano de su generación, según ha precisado el escritor español. Ahora me transporto a un céntrico café, a un costado de la Plaza Catalunya. Lo tengo frente a frente, no precisamente para un combate, sino para conversar íntimamente; lejos del público, de los flashes y de las lecturas en voz alta. Y de los merecidos aplausos, por supuesto.

Pedimos dos cafés cortados y la charla se inicia. Ahora estamos sólo Ednodio Quintero, la grabadora encendida y yo.

Escritor a pulso

Ednodio Quintero nació en los andes venezolanos, en una zona montañosa. Seca, inhóspita, lejos de ese paisaje suizo, verdoso, de montañas nevadas, que muchos se imaginan. Ahí se crió Quintero. Y él lo retrata con una sabrosa anécdota: “Hace un tiempo, en una feria del libro, me encontré con una vieja amiga argentina que no veía hace muchos años, y que había estado en el lugar donde nací. Me ve y se me acerca llorando y me dice: “lograste salir de ahí”. Y claro, logré salir”.

Quintero siempre estuvo cerca de los libros, y fue precisamente la lectura -como ese amigo inseparable- que lo salvó de aquellas experiencias desoladoras. Por su padre, que ejerció la política, tuvo la posibilidad de establecerse en diversas ciudades de Venezuela, de hecho, estudió los seis años de primaria en seis pueblos diferentes. Lugo estudió Bachillerato. “Siempre fui lector. Todo lo que me conseguía lo leía, hasta el Código Civil. Durante el bachillerato, un primo cura que había estudiado en Roma Derecho Canónico, en su casa contaba con una biblioteca y él me invitaba a leer. Leí a  muchos autores alemanes y franceses. Pero aun no tenía una vocación por la literatura”, me cuenta.

En tercer año –inesperadamente- bajó sistemáticamente sus calificaciones. Pensaron que estaba loco, que era una cosa de la adolescencia. Y lo mandaron al campo a reforzarse. Fue un destierro. portadacombates2p

Pero los libros – y esas lecturas salvadoras- estuvieron siempre presentes.

En el campo se encontraba su padre, que estaba muy viejo, arruinado –me sincera. No era un proyecto muy grato para él: “No hacía prácticamente nada. Ayudaba por las mañanas a ordeñar las vacas, pero no trabajaba la tierra, no tenía la fuerza, ni la vocación. Pero tuve la suerte de estar cerca de un padrino muy culto, que había estudiado algunos años medicina, hablaba idioma y que poseía una gran biblioteca, en el segundo piso de una casa muy bonita”.

Su padrino lo apreciaba. Le regalaba todos los títulos que le pedía. Catorce, quince libros, los que quisiera. Pasó un año leyendo. Fue un época clave para el autor, según me cuenta: “Desde ahí nació este amor por las letras. Era una lectura desordenada, leía de todo un poco. Leí, leí y leí y finalmente, bueno, como a los dieciséis años comencé a escribir, sin saber que iba a convertirse en una vocación de vida”.
Pero durante una época de su carrera estuvo diez años sin publicar ¿A qué se debió?
“Me sentía satisfecho con lo que había hecho –tenía cuarenta años- cuando ya había escrito varios libros de cuento. Pero eso le pasa a varios escritores, es raro que escribas durante cuarenta o cincuenta años. Es un trabajo solitario, más solitario que el amor”.
¿Y escribía de vez en cuando?
“Yo me consideraba escritor, pero no escribía, pero sí leía mucho. Leía a los clásicos griegos  y libros sobre la historia de la literatura. En esos diez años debo haber escrito cien páginas, y ahora de pronto de un arrebato, en tres meses, escribo cien páginas. También, mi peor enemigo, fue la pereza. Si hubiera sido menos perezoso, tendría el doble de producción. Y bueno, después retomé ese hilo perdido, y volví hacer lo que más me gusta: escribir”.

Combatiendo

Ednodio Quintero inició el sueño de Candaya. Un sueño que hoy es una realidad. Mariana y los comanches, de Quintero, inauguró la obra editorial del sello, y con ello el primer título de la colección de narrativa de Candaya.

Combates, la publicación que convoca  este encuentro con el autor, precisamente, es la última obra editada por editorial Candaya. Este libro reúne los relatos de madurez de Quintero. Experiencias esenciales que parecen nacer de la alucinación y el delirio: la caída, la huida, el regreso, la metamorfosis, el cuestionamiento de la propia identidad. Son cuentos que sacuden de forma radical todos los sentidos.

Enodio Quintero dejó de escribir cuentos hace diez años. Y no es un dato menor: “Por lo mismo, me ofrecieron desde México, una editorial, realizar una compilación de mis cuentos, pero por diversos problemas, al final el proyecto no se concretó. Y hace menos de dos años, coincidí con Olga y Paco (editores de Candaya) en la feria del libro de Guadalajara. Fui invitado a un encuentro con Rubem Fonseca y Sergio Pitol. Me pidieron los cuentos, y yo se los envié; y cuando Paco los maqueteó, le salió un volumen muy grande. Al final decidimos partir el libro en dos. Publicando inicialmente mis últimos cuentos”, me enfatiza.

Es así que con Combates (1995-2000) –relatos que se escribieron durante catorce años- Candaya inicia la publicación de los Cuentos Completos del escritor venezolano. Ceremonias (1974-1994), también en Candaya, recogerá el resto de su producción cuentista.

Entre sorbos de café, Quintero dice que, si le dan a elegir un cuento de este volumen, prefiere por lejos, “El combate”. “Prefiero de todos, ese cuento. Es un cuento muy fuerte. Es como autobiográfico, simbólicamente, claro. Ahí logré lo que un escritor debe hacer cuando maneja el lenguaje como símbolo. Estaba pasando por una situación muy difícil, y me sentía así: desnudo ante un enemigo acorazado y desconocido”.
No sabes a lo que te enfrentas…
“Claro es real, pero como imprevisible”.
“En otro tigre”, un cuento que me gustó mucho, se percibe ese plan de autodefensa del protagonista, esa estrategia ante el enemigo, cuando ese enemigo puede ser tu propio amigo….
Sí. Este cuento es una reescritura, inventada por supuesto, de un capítulo de “María” de Jorge Isaacs. Obviamente, yo le agrego otros elementos, como el erotismo por ejemplo. Pero esa es una clave para leer este cuento. En la universidad donde yo trabajo, hay un profesor de literatura, que conozco hace muchos años, que a sus alumnos les da a leer ambos relatos”.
Después de publicar en España ¿En qué ha cambiado tu carrera?
Yo no hago carrera literaria como lo haría un escritor joven en la actualidad. Yo he tenido la suerte de no haber vivido de la literatura. Entonces, en ese sentido no ha cambiado tanto. De todas maneras, publicar en España me abre otros horizontes, y eso me alegra mucho. Además, me he hecho de muchos amigos, y  la labor de Olga y Paco para mí es algo espectacular. Ellos le ponen demasiado corazón a su proyecto editorial, y en particular, porque han publicado varios autores venezolanos”.

Para Ednodio Quintero no vivir de la literatura es una suerte. El escribir es su placer máximo. “Lo único que sé hacer es escribir”, me sincera cuando su café ya se acaba. Para él las concesiones en esta carrera no existen. No se desespera por ganar premios literarios, ni volverse loco por vender más y más ejemplares de sus libros. “Todo lo hago por placer. Es un lujo que me puedo dar porque vivo de mi sueldo de profesor universitario. Pero eso no quiere decir que yo sea descuidado con la promoción de mis libros. Si se venden muchos libros, mejor para la editorial y mejor para mí. Pero no es algo que me atormente”.

El café se ha terminado.

“… Corrí hasta la terraza, desde la cual se divisaba, en picada, la maldita ciudad. Yo era dueño de un corazón helado y solitario, el mío. Tomé impulso y me lancé al vacío. Ahora vuelo con las alas desplegadas, rumbo al sur. Siempre tuve sueños de halcón”
.

Enrique Vila-Matas concluye su discurso leyendo, en voz alta, el último relato de Combates, “Owner of a lonely heart”. Ahora los cuentos de Quintero, en España, vuelan por sí solos. Son los lectores, que irán estos relatos encontrando en el camino, los que les darán respiro.

Combates (1995-2000)
Ednodio Quintero
Ed. Candaya
Barcelona, 2009

©2taller

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  1. noviembre 5, 2009 en 3:35 pm
  2. diciembre 4, 2009 en 3:04 pm

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